Razones para dejar el Facebook

Pulsa aquí para saber las razones por las que, por enésima vez, he vuelto a dejar el facebook.

miércoles, 20 de julio de 2016

Cookies, magdalenas y comisiones. O el ataque de los mensajes cansinos.

Cada uno organiza su tiempo como buenamente puede. Pero es curioso ver como  hay algunas leyes o normativas empeñadas en hacérnoslo perder sin una causa justificada. Ahí van un par de ejemplos que supongo reconocerá todo el mundo:

Cookies y magdalenas


No se vosotros, pero yo empiezo a estar hasta la coronilla del dichoso mensajito sobre las cookies. Cuando navegas en pantalla grande, es un rollazo, pero se va soportando. Lo malo es cuando usas el móvil: cuando crees que has encontrado lo que buscabas, ¡zas! te aparece el puñetero aviso ocupando media pantalla. Y  lo peor es que cuando intentas darle a la crucecita para ocultarlo, si es que la encuentras, pues su tamaño suele ser minúsculo, lo que  pasa es que con el dedo le das a otra zona y activas otra pantalla que no te interesa para nada. En fin. Un sinvivir. 


El fastidioso y siempre repetitivo mensaje. Un paso atrás en el avance de la informática. ¿No se inventó entre otras cosas para ahorrarnos tareas repetitivas? Pues toma.


Muchos nos preguntamos qué sentido tiene la repetición cansina del mismo mensaje en cada nueva web que visitas. Me da que el legislador que parió la idea no estaba muy puesto en esto del internet. ¿No sería más fácil utilizar la configuración del propio navegador para decidir si quieres bloquear o no la posibilidad de que todos los sitios web utilicen cookies en tu dispositivo, así de un plumazo? De hecho esa es una de las opciones que incorporan todos los navegadores. Lo que me lleva a la siguiente cuestión: si tienes activada esa opción de "bloquear cookies", ¿de qué sirve el dichoso mensaje? Esto es algo tan absurdo que me hace sentir como aquel camarero del chiste en el que un cliente pedía un café con leche y una magdalena en un bar. Al decirle el camarero que no tenían magdalenas, el cliente pensaba un poco y decía - pues entonces... un cortado... y una magdalena- Perdone señor, ya le he dicho que no tenemos magdalenas- Ah si, pues pongame un té.... y una magdalena-  y así  hasta la desesperación absoluta del camarero. Galletas o magdalenas, que mas da. Pero por favor, ¿no valdría con decirlo una sola vez?


Comisiones en cajeros



Esto es un poco menos molesto que lo de las cookies, pero también tiene su cosa. Desgraciadamente parece que se han acabado los tiempos en que podías sacar dinero de cualquier cajero automático que perteneciera a tu red, 4B, Servired, etc. Ahora hay veces que tienes que patearte media ciudad para dar con uno que no te cobre. Es un engorro, si, pero no acaba ahí la cosa. Una vez que ya has localizado el tuyo y seleccionado la cantidad que quieres sacar,  nuestras entrañables entidades bancarias han decidido obsequiarnos con el siguiente mensaje en mi opinión totalmente innecesario:



Y digo yo: está bien que te avisen si te van a cobrar comisión a ti. Pero si no, para qué nos hacen perder el tiempo. ¡Qué demonios me importa si le cobran al banco 0,60,  1,85, o 500 euros!  ¿Qué pretenden con este mensaje? ¿Darnos pena para que saquemos poquitas veces no vaya a ser que se arruine nuestro querido banco? El colmo es que en una de las dos entidades con la que trabajo, me sale el mismo mensaje incluso cuando utilizo su propio cajero. Flipante.

En conclusión, este es mi mensaje a quien corresponda:

Vista la cantidad de información que recibimos a diario, les importaría dejar ya de darnos la brasa con mensajitos innecesarios. Gracias.

Blogger Tricks

lunes, 4 de julio de 2016

Preparar un maratón: un buen plan para el verano

Esto va que vuela. De las rebajas de enero a las de verano y ni me he enterado. Cierto es que he estado poco activo en el blog durante estos meses. Y sin embargo, lo que son las cosas, he tenido más visitas que nunca. Y todo porque a los de Runner's World se les ocurrió enlazar uno de mis post en su facebook. Casi 20.000 visitas en un par de días, y aun duran las secuelas. La lástima es que el mérito no fue mío, sino de Mario Vargas Llosa y de un artículo suyo sobre el asunto del correr que encontré por ahí y me pareció interesante rescatar. Por cierto, mucha gente me puso a caldo por mis comentarios sobre el texto original. En fin.  Pero bueno, yo creo que ya está bien de vivir de rentas. Al tema.

Como el día 30 de junio era el último con precio rebajado en el maratón de Zaragoza  (otra vez las rebajas persiguiéndome) me dije, ahora o nunca, y me apunté sin pensarlo demasiado. Así que ya no hay vuelta atrás: este verano no me quedará más remedio que volver a disfrutar del frescor del amanecer día sí, día no, más o menos. ¡Qué se le va a hacer!

Ya se que soy un pesado. Todos los años con la matraca de "madrugar". Pero es que vale la pena. En serio.
 Visto así no parece un mal plan, ¿a que no? Pues claro. Todo lo contrario. Además es compatible con casi cualquier otro, playa, montaña, ciudad, es cuestión de organizarse y madrugar  una hora antes de lo previsto. Con eso basta. El resto del día, tanto si estás trabajando como de vacaciones, se encara con una vitalidad tal que justifica más que de sobras el pequeño esfuerzo de levantarse a esas horas. ¡100% garantizado!

O sea que lo primero que he hecho ha sido volver a pegar en la nevera la versión 2016 de mi plan de entrenamiento. El mismo que seguí con éxito en 2013 y 2015. ¿Para que cambiar?

Mi plan de entrenamiento para la maratón. Como resulta evidente, más sencillo no puede ser.
En teoría empiezo hoy, pero como en la práctica no he dejado de correr unos tres días por semana de forma habitual, pues digamos que voy a ir enlazando suavemente con el programa. Es decir, siguiéndolo, pero con cierta flexibilidad. Como novedad este año he añadido una cuadrícula donde iré tachando los días que corra. Así no tendré que forzar demasiado mis maltrechas neuronas para comprobar si voy cumpliendo.

Una cosa importante. Después de la serie de desgraciados accidentes que últimamente se han producido en diversas pruebas de fondo no se me ocurriría nunca recomendar a nadie que siguiera este plan. Ni ningún otro, claro. Que cada cuál haga lo que crea que debe hacer. 

Pero no nos pongamos dramáticos. De momento se trata de disfrutar al máximo del verano y de paso mantenerse en forma sin machacarse demasiado. Y en eso si que puedo asegurar que los resultados están garantizados. Lo de la carrera ya es lo de menos. Como si no se corre. Qué mas da. Vale, sí,  es la guinda del pastel. De acuerdo. Pero lo verdaderamente importante ya lo habremos hecho. Y no sólo eso sino que los beneficios de todo ese esfuerzo los habremos disfrutado durante todo el verano. Ese es el secreto.

sábado, 27 de febrero de 2016

Una tarde en las Rebajas

Está más que comprobado que cualquier persona civilizada y educada puede perder los papeles si se encuentra en una situación lo suficientemente estresante. Quién no se ha puesto como un energúmeno al volante alguna vez. O quién no se ha acalorado más de la cuenta por una discusión sobre fútbol, o cualquier otro tema intrascendente. Bueno, pues otra de las situaciones que más estrés generan, siempre dentro de la burbuja esta del primer mundo desde la que escribo esto,  son las "Rebajas". A los hechos me remito.

Siempre me han parecido bochornosas y completamente ajenas a mi las imágenes del primer día de rebajas que suelen dar año tras año por televisión. Esas aglomeraciones a la puerta de los grandes almacenes esperando la hora de apertura me inspiran en el mejor de los casos vergüenza ajena. Pero como nunca se puede decir, de este agua no beberé, ahí va mi historia. No me siento especialmente orgulloso de mi papel en este sainete, pero... es lo que hay.

La parte que podría llamarse "El principio de todo"

Resulta que mi hijo pequeño nos había pedido unas zapatillas de fútbol-sala último modelo para Navidad. Unos días antes de marcharnos al pueblo las estuve mirando y las vi en el Corte inglés. Para ser de plastiquillo me parecieron carísimas,  ¡60 euros! Pero cómo era lo único que pedía, pues hice de tripas corazón y me las envolvieron para regalo. Hasta ahí todo normal. El asunto se puso interesante el día 8, cuando ya estaban en marcha las Rebajas.


Las zapatillas de marras.

Como decía al principio, no soy muy de rebajas ni de gastar sin más ni más, pero esa tarde estaba dando una vuelta por el centro y me puse a curiosear un poco por la planta de deportes de Independencia. Aunque casi nunca compro nada, suelo echar un vistazo por allí de vez en cuando. Pues bueno, cuando pasaba por la sección de  zapatillas me acerqué  por ver si estaban las que le había regalado a mi hijo y... justo. Allí estaban. En primera linea. Al 50%.  Inmediatamente se me puso cara de tonto. ¡Esa humillación no podía quedar así!

La parte que se podría llamar "Crímen y castigo"

Mientras bajaba a casa iba urdiendo el plan. Devolvería las zapas y compraría otras iguales  al precio rebajado. Como soy muy mirado me daba cosa devolverlas y comprarlas yo mismo, no fueran a pensar que era un aprovechado sin pudor ninguno, así que impliqué a mi mujer en la trama. Para evitar el problema de que justo a la hora de adquirir las nuevas zapatillas rebajadas no hubiera de la talla del niño, un 45 calza la criatura con 14 añitos, le dije a mi mujer que subiera ella primero y las comprara. Luego una vez que saliera del establecimiento, donde estaría yo esperando, entraría y haría la devolución como si tal cosa. Un plan sencillo. Aparentemente.

Subimos juntos en el tranvía repasando los detalles del plan. Mi mujer aun le echó un último vistazo a las deportivas para asegurarse de cuál era el modelo exacto. Me sentía como un delincuente ultimando los pormenores de un crimen. Una turbadora mezcla de excitación y culpa. En esos pensamientos estaba cuando vi salir a mi esposa con la bolsa roja conteniendo el preciado"botín", nunca mejor dicho. Casi ni nos miramos, no hubiera alguien al tanto de nuestras maquinaciones.

Ya en la planta de deportes me acerqué nervioso al dependiente. Era el mismo joven simpático y deportista que me había atendido amablemente hacía unos quince días, cuando hice la compra. Como ya había asumido mi condición de miserable sin escrúpulos, no me importó mentir y excusar mi devolución aduciendo que al niño le habían regalado otras iguales. Patético, ya que el chico no me había pedido ninguna explicación. Solo el ticket de compra. El mismo ticket que antes de salir de casa me había asegurado de poner en la bolsa junto con la caja de las zapatillas. Pero... ¡Horror! ¡No estaba allí! Le dí la vuelta a la bolsa, abrí la caja, rebusqué en todos los bolsillos ante la mirada entre reprobatoria y compasiva de dependientes y público en general. Nada. No me cabía duda de que Dios me había castigado por mi ruindad. Sí, tenía lo que merecía.  Mientras bajaba por las escaleras mecánicas como un cerdo colgado de los ganchos del matadero iba pensando en dónde demonios había podido perder el maldito ticket de compra. De repente  tuve una revelación. Como a cámara lenta me vi a mi mismo sacando la caja de la bolsa en el tranvía cuando mi mujer quiso ver el modelo por última vez. ¡Estúpido de mi! en ese momento se debió de caer el dichoso papelito. En medio del tranvía.

La parte que podría llamarse "El último tranvía"

El rencuentro con mi mujer fue algo tenso, la verdad. ¿Qué haces que bajas con las zapatilla otra vez?- me dijo- He perdido el ticket. -¿Eh? pero, ¿dónde lo llevabas?- Lo había puesto en la bolsa junto a la caja de las zapatillas.- Ya. ¿Y por qué no lo guardaste en la cartera o en un bolsillo como hace todo el mundo?- Yo qué se. Pensé que allí estaría más seguro. Pero claro, como me hiciste sacar la caja de la bolsa en el tranvía, pues allí se caería- No, si encima la culpa la tendré yo. ¡Lo que me faltaba! - No cariño, no quería decir eso... - Ya, ya... Bueno pues quédate tú con las dos bolsas de zapatos que me voy a dar una vuelta- Vale. Yo voy a intentar recuperar el ticket. - Iluso, como que lo vas a encontrar así como así. - Bueno, al menos lo intentaré. Hasta luego cielo.-Adiós.
En fin. Mi plan había fracasado estrepitosamente. Sólo me quedaba una remota esperanza de arreglar un poco aquel desaguisado: encontrar el ticket.

El tranvía de Zaragoza. 

Y a eso me puse. Antes de nada utilicé el móvil para consultar los tiempos entre paradas y así pude calcular más o menos  cuando volvería a pasar en dirección contraria el convoy en el que habíamos subido hacía un rato.  Para afinar más introduje mi tarjeta bus en la máquina y pulsé "consultar", así pude ver que habíamos montado en la parada de mi casa a las 17:53. Con esto deduje que el tranvía-objetivo podría estar a punto de llegar a "Plaza de España", donde me encontraba. Aunque probablemente habría un tiempo de maniobra para el cambio de sentido en el final de linea que debería tener en cuenta. Pero como no podía fiarme pensé que lo mejor sería ir subiendo y bajando en paradas consecutivas para poder revisar varios trenes y aumentar así las probabilidades de éxito.

La primera intentona resultó frustrante. En "Plaza de España" el tranvía iba hasta los topes, como cabía esperar en un primer sábado de rebajas, claro. Apenas pude moverme para intentar mirar de lejos por la zona que creía habíamos ocupado al subir. Me bajé algo desanimado en "Plaza del Pilar" y esperé al siguiente confiando en tener mejor suerte. Esta vez, aunque también había mucha gente, se fue bajando en las siguientes paradas y pude inspeccionar a fondo todos los rincones por donde sospechaba podía haber caído el ticket. Algún papelito me aceleró el pulso por un instante, pero al verlo de cerca, nada. Ya me había pasado de la parada de mi casa y las posibilidades de éxito estaban casi agotadas. Paré en "Campus Norte" y me puse a esperar mi último tren.

La parte que podría llamarse "Vuelta a casa"

No había nadie en el andén. En los cinco minutos que estuve allí, con los dos pares de zapatillas, las normales y las rebajadas, me pregunté qué sentido tenía toda aquella peripecia. Por suerte no me dio mucho tiempo a reflexionar porque enseguida apareció allí el tranvía. Iba prácticamente vacío. Me dispuse a entrar por la puerta mas próxima a la zona caliente y... !Zas! Nada más entrar lo vi en el suelo. Justo en el sitio que había imaginado. Me abalancé como un loco ante el asombro de una parejita que estaba al lado y lo agarré con fuerza. Casi no tuve ni que mirarlo. Era mi ticket. ¡Lo había encontrado! Por primera vez en aquella tarde sonreí y me sentí plenamente relajado. Y no por haber recuperado aquellos 60 euros, que también, sino por haber recuperado algo mucho más valioso. Otro tipo de papeles que había perdido aquella misma tarde.




sábado, 6 de febrero de 2016

Un poco sobre mi madre.

Qué decir cuando se acaba de morir tu madre. Todo sería poco. Por eso sólo quiero reproducir esta breve nota que amablemente me publicaron en el periódico de mi pueblo, Barbastro. Una pequeña ciudad donde mi madre nació y vivió intensamente hasta el último día. Y donde no creo equivocarme si digo que fue feliz, quizá de la única forma en que se puede ser feliz: intentando hacer felices a los demás.



María Jesús Puertas Lagüens. Barbastro, 1931-2016
Publicado en "El Cruzado Aragonés", 5 de febrero de 2016

"María Jesús: el único nombre verdadero". Esa era una de las ocurrencias que solía espetarle mi madre al cura de San Francisco, o al mismísimo obispo si se terciaba, cualquier día al salir de misa. En realidad, más que por resaltar que su nombre reúne a los dos principales de la cristiandad, era por entablar conversación. Porque esa era una de sus pasiones. Y no se amilanaba ante nadie. Ya podía estar junto al personaje más insigne o ante el  conferenciante más erudito. En cuanto veía la ocasión se plantaba a su lado y le soltaba cualquier cosa que viniera a cuento. Porque esa es otra, conocía a todo el mundo y de todos sabía algo de su vida y obra. Y si el protagonista lo requería, le endosaba uno de sus famosos pañitos de ganchillo, de los que hizo y regaló  cientos y cientos entre amistades, conocidos y demás. 
Al ponerlos juntos para hacer la foto me he dado cuenta de que los colores del pañito y de los caramelos coincidían perfectamente. Y es que, en esencia, eran exactamente lo mismo.


Ya en los últimos años, cuando no podía tejer, sustituyó esa especialidad por unos caramelos de gominola, que compraba al por mayor y repartía a diestro y siniestro no solo a los niños con los que se topaba, que eran otra de sus debilidades, sino también al dependiente, al frutero, al técnico de la caldera del gas, al practicante que le controlaba el sintrón... Lamentablemente esta semana pasada, cuando la ingresaron en el hospital, ya no pudo regalarles nada a las enfermeras. Ni enseñarle las fotos de sus nietos a la vecina de habitación, con la que después de mucho hablar seguro  hubiera encontrado algún parentesco en común. Esta vez no pudo ser. Entre lágrimas, al recoger sus cosas, en el bolsillo del abrigo encontré un puñado de aquellos caramelos. Cada uno envuelto en su celofán. Listos para la entrega. Tan dulces y tan tiernos como el amor que ella nos dio, a raudales, durante toda su vida. Un amor tan grande que perdurará para siempre en nuestros corazones.


En 2012, durante un emotivo homenaje que por sorpresa, para mí también,  le prepararon mis amigos con motivo de nuestra entrada en los 50. Fue nombrada simbólicamente "Madre de todos". María Jesús se hacía querer.



sábado, 2 de enero de 2016

El calamar bravo

Alguna vez lo he citado de pasada, pero creo que este singular establecimiento y su famosa especialidad merecen una reseña en exclusiva. Visitar Zaragoza y no probar una ración de calamares bravos en "El Calamar Bravo", es como pasarse por la capital maña y no acercarse a la plaza del Pilar. Vamos, para hacérselo mirar.

Y tiene que ser en "El Calamar Bravo". No valen imitaciones. A este respecto puede ser esclarecedora la siguiente anécdota: estando hace unos años en un bar de Zaragoza, mientras ojeábamos la carta de bocadillos, le sugerí a mi hijo mayor que probara el de "calamares bravos", de cuya versión original le había hablado ya en varias ocasiones pero no había llegado a probar. El chaval, con mejor criterio que yo, me sorprendió gratamente con la siguiente respuesta: "No papá. No quiero perder la virginidad con un sucedáneo. Prefiero esperar." ¡Vaya lección me dio! Al poco fuimos al sitio original y cómo no, quedó saciado y rendido para siempre al suculento manjar. 

Recuerdo perfectamente la primera vez que los probé. Fue en 1980, mi primer año de estudiante en Zaragoza. Mi amigo Amado, que en aquellos momentos estudiaba para cura, nos llevó a unos cuantos de Barbastro al minúsculo local que ocupaba en aquella época "El calamar bravo" en la calle Moneva. Como por lo visto era costumbre, estaba abarrotado de clientes, pero valió la pena. Fue como una revelación. Nunca habíamos probado nada tan sabroso: los calamares tiernos, la salsa aparentemente suave pero con un fondo potente  que persistía durante horas, el picante en su justa medida... En fin. Que desde entonces he permanecido fiel a esta delicia y raro es el mes en que no cae como mínimo una ración compartida regada con una cañita de cerveza. Afortunadamente mi mujer es también ferviente devota de esta contundente tapa.

Esta es una ración sencilla de calamares bravos. Hay que probarlos. Sí o sí. Con esto es suficiente para un aperitivo, pero si tenemos buen saque y queremos quedarnos ya cenados podemos optar por el bocadillo, que viene a ser la misma ración, pero envuelta en un generoso y tierno panecillo.

Ayer mismo, para celebrar el año nuevo, nos plantamos allí con otra pareja de amigos y nos zampamos dos raciones dobles; una de calamares y otra de patatas bravas, también muy recomendables y aliñadas con la misma salsa. Después de las fiestas navideñas, después de días de comidas copiosas y elaboradas, fue entrar en el bar y retroceder en el tiempo 35 años: el mismo aroma, los mismos problemas para encontrar sitio en la barra, la misma increíble densidad de camareros por metro cuadrado. Y todo volvió a ser tan nuevo, tan intenso  como la primera vez.

martes, 24 de noviembre de 2015

El corredor mínimo

No confundir con "corredor minimalista", que son esos que corren medio descalzos o con una especie de guantes de goma en los pies. Lo mío es mucho más convencional. Ser un "corredor mínimo" consiste simplemente en ser alguien que corre para mantenerse en forma y punto, evitando en lo posible toda la parafernalia con la que están haciendo el agosto cantidad de negocios relacionados con el deporte de correr. Si, porque aquí el que no corre vuela, y como la fiebre correcolari parece tener cuerda para rato, hay un montón de gente avispada que se está forrando con el asunto. Y ojo, que esto a mí me parece muy bien. Solo que en mi opinión, lo de meterse en esa rueda corre-consumista no es en absoluto necesario. Porque lo  de "mínimo", tiene que ver sobre todo con simplificar, con desprenderse de lo superfluo. Podría haber sustituido "mínimo" por "tranquilo" y quizá hubiera quedado mejor definido el concepto. En todo caso, a continuación pongo algunos puntos que pueden aclarar mejor el tipo de corredor del que estoy hablando y cuyo ejemplo más cercano sería un servidor.

  1. El corredor mínimo sabe que correr es un privilegio al que desgraciadamente no todo el mundo puede acceder por distintas limitaciones físicas, de edad, etc. Aprovechemos pues y corramos mientras podamos, pero sin pasarnos. Y tengamos siempre presente que este don no nos va a durar para siempre.
  2. El corredor mínimo, aunque suele ir despacio, se cansa cuando corre. Y no es que no disfrute del trayecto, sí que lo hace, pero con moderación. El mayor goce llega, por ejemplo, cuando se toma un vermú en condiciones a cuenta del entrenamiento mañanero.
  3. El corredor mínimo no necesita estar pendiente del reloj, ni del cronómetro, ni del ritmo que lleva. Los nuevos relojes, con GPS, WIFI y mil virguerías más, son una chulada, pero ojo, no te van a ahorrar ni una sola gota de sudor. Al contrario. Lo he comprobado personalmente.
  4. El corredor mínimo no necesita unas zapatillas de más de 100 euros ni tiene por qué cambiarlas cada dos por tres. Por bastante menos se pueden encontrar unas de buena calidad aunque sean de la temporada pasada. O de la anterior.
  5. El corredor mínimo no necesita apuntarse a ninguna carrera para nada. Sin embargo, los organizadores de carreras sí necesitan a los corredores, y claro, hacen lo posible para intentar hacernos pasar por caja. Allá cada cual. No digo que esté mal correr una carrerita de vez en cuando, pero de ahí a pringar la mitad o más de los fines de semana ( y lo que es peor, hacer pringar al resto de la familia), va mucho trecho.
  6. El corredor mínimo, cuándo quiere correr en grupo, sabe dónde, cuándo y con quién puede hacerlo. Mi grupo, el 7:45 es el mejor ejemplo. Vas cuando quieres y cuando no, no. No hay compromisos.
  7. El corredor mínimo no necesita retos especiales para motivarse. Tampoco necesita batir marcas o superar distancias imposibles. Salir a correr tres días por semana es ya un reto más que importante, que por cierto,  no siempre cumple a rajatabla. Pero no pasa nada. No olvidemos que nuestro objetivo es mantenernos en forma sin machacarnos demasiado y sin obsesionarnos.
  8. El corredor mínimo sabe perfectamente que lo de correr no es lo más importante. Aunque es algo que le hace sentirse bien, su vida no gira en torno a eso ni mucho menos.
Bueno, yo creo que más o menos ha quedado clara mi postura actual respecto a esto del correr. He de decir que no siempre he visto la cosa del mismo modo. Si alguien ha seguido un poco la evolución de este blog, habrá visto que la "linea editorial" ha ido variando notablemente desde que lo empecé hace cinco años. Supongo que es lo normal, yo también he cambiado claro. En fin, esto es lo que hay. Por el momento.



lunes, 12 de octubre de 2015

10 claves para correr una maratón sin machacarse demasiado.

Aviso importante: Todos los consejos o reflexiones que expongo a continuación están basados exclusivamente en mi breve experiencia personal como corredor popular. Así que probablemente mi ejemplo servirá de muy poco a la mayoría del personal. Pero quién sabe. Quizá a alguien le sea útil. 

Para empezar diré que hace un par de semanas corrí mi segunda maratón. Y me fue bien, la verdad. La acabé en 4:14, tres minutillos menos que en 2013.  Esto hace 2 de 2 intentos con éxito: un 100% de efectividad. Así que respaldado por una estadística tan contundente, me he  atrevido a extraer y ordenar algunas conclusiones que ya apunté tras mi primera maratón. Ahí van:


  1. El punto de partida. La maratón es un reto que la mayoría de los que nos iniciamos en esto del correr nos planteamos en un momento u otro superar. Fundamentalmente es eso: un reto personal, y poco más. Lo normal y recomendable es abordar ese desafío cuando uno lleva un tiempo corriendo de forma habitual y ha participado por lo menos en alguna carrera de 10 km y algún medio maratón. Yo diría que un mínimo de 2 años previos puede estar bien. Por supuesto que alguien habituado a hacer deporte con cierta intensidad de modo regular podrá reducir e incluso eliminar esa fase previa y dedicarse solo a la preparación, pero para la gente normal y corriente que ha pasado prácticamente del sofá a las zapatillas, alcanzar un estado de forma adecuado para correr una distancia tan larga,  lleva su tiempo.
  2. La decisión. Cuando uno cree que ha llegado el momento, lo mejor es no pensarlo demasiado  y apuntarse en la prueba que le vaya más a mano. Y hacerlo pronto. Es importante  inscribirse con tiempo suficiente por varios motivos: primero porque hará falta un mínimo de tres meses para el entrenamiento específico de la carrera, segundo porque una vez inscrito la motivación para prepararse aumenta considerablemente y tercero porque el precio suele incrementarse cuando se acerca la fecha de la carrera. Y hay que mirarlo todo. Bueno, pues una vez decididos, solo hay que elegir el plan de entrenamiento que vamos a seguir.
  3. Elegir el plan adecuado. Este es el meollo de la cuestión. Hay cientos, quizá miles de planes de entrenamiento circulando por ahí. Muchos de ellos están avalados por atletas con gran experiencia, por entrenadores profesionales, etc. Sin duda todos ellos están mucho mejor documentados que yo.  El problema es que todos esos planes, o la inmensa mayoría, parecen basados en los que se diseñan para atletas profesionales o semi-profesionales. Y probablemente serán muy adecuados para quien pretenda correr la distancia en torno a las tres horas. Sin embargo, a mi entender, los niveles de exigencia y de complejidad de estos planes resultan poco apropiados para alguien que simplemente quiere correr una maratón y acabarla sin sufrir demasiado. Por eso seguí este plan hace dos años y he vuelto a hacerlo este año. Aunque aquí lo llamo "mi plan",  el plan original me lo recomendó mi amigo y compañero del grupo 7:45 Pedro Justes y procede de un artículo publicado en 1995 en la revista Correcolari (hoy llamada "Correr")
  4. Mi plan. Como diría el gran Goyo Jimenez, no lo cuento, lo pongo sin más:
    Arriba el plan que seguí en 2013. Las cruces representan los días que fui cumpliendo cada semana. Como se verá, falle algún día pero no hay que traumatizarse por eso. Lo de la última semana es algo personal. Me gusta llegar bien descansado al día D. Por eso sólo corrí un día. Abajo exactamente el mismo plan pero con las crucecitas del seguimiento que hice  en esta edición  de 2015. También hay ligeras variaciones: corrí cinco días durante tres semanas seguidas en vez de las  dos preceptivas para compensar las primeras semanas en que estuve más fallón. Este año la última semana corrí dos días, martes y jueves. 

    Como veréis los  principales atractivos de este plan son dos: su sencillez y el no incluir tiradas largas.
  5. El seguimiento del plan. Si habéis echado un vistazo a los planes convencionales de preparación para la maratón seguramente habréis pensado que es imposible seguirlos al pie de la letra sin tener al lado un entrenador personal, cronómetro y libreta en mano, que te vaya marcando los ritmos, los tiempos, las tablas de ejercicios en gimnasio, etc., etc. Una locura. Sin embargo para seguir mi plan no hace falta ni siquiera un reloj. Si tienes un recorrido que sabes que te cuesta más o menos una hora, basta con hacerlo los días que te marca el plan cada semana y ya está. Así de simple. Y tampoco hace falta ser demasiado estricto. Si entre semana haces 50 minutos en vez de una hora, pues no pasa nada, Y si algún domingo estás hora y media en vez de una hora, como hice en un par de ocasiones este verano con mi grupo, pues tampoco es cuestión de darse la vuelta e irse solo para casa. Eso si,  me negué en redondo cuando me propusieron hacer una tirada de 20km. De eso nada. Ya correría esos 20 y otros tantos el día de la carrera. ¿Por qué darme la paliza antes de tiempo?
  6. La elección del ritmo. Otro asunto de vital importancia. Para alguien que no ha corrido nunca una maratón creo que lo razonable es ser prudente y marcarse un objetivo asequible. En muchos foros recomiendan que para estimar el tiempo objetivo de la maratón hay que tomar como referencia tu tiempo en la media  y  multiplicarlo por 2,1. Es decir el doble y un 10% más. Puede valer como orientación. En mi caso, mi mejor tiempo en media maratón era de 1:49 y el peor 2:06. Según esto mi tiempo para la maratón podría estar entre 3:48 y 4:24, con ritmos medios de entre 5:25 y 6:16 min/km. Con estos datos no tuve duda de que un rítmo  de en torno a 6 min/km sería lo más prudente. Finalmente en 2013 mi ritmo medio fue de 6:06 y en 2015 de 6:01. Dentro de lo previsto. 
  7. La alimentación. Este es un tema que también creo que se saca de quicio cuando estamos hablando de "corredores populares". Con llevar una alimentación sana y variada creo que es suficiente. Durante los meses de preparación, en los que como máximo he corrido 50 km a la semana, no he llevado ningún régimen especial. Y he mantenido mi peso en torno a los 83 kilos. Durante la carrera me comí todo  lo que  daban en los avituallamientos: pedazos de  sandía, naranja plátano. El único suplemento que tomé fue un gel que me sobró de 2013 y que al estar caducado me tomé con cierta aprensión. Desde luego no creo que me hiciera demasiado efecto, ni para bien ni para mal. 
  8. La hidratación. En este asunto  sólo puedo decir que durante la carrera me bebí prácticamente todos los botellines que daba la organización tanto de agua como de bebida isotónica. (250ml cada 5km) En el 2013 hice lo mismo y me fue bien. Creo que es una buena práctica hidratarse suficientemente sobre todo durante la primera parte de la carrera, cuando aun no se tiene mucha sensación de sed. 
  9. El factor suerte. Muy importante e impredecible completamente. Hay cientos de factores que no se pueden controlar. Cualquier pequeña indisposición o molestia puede arruinarlo todo el día de la carrera. Es así y no hay que darle más vueltas. Que todo salga bien es algo que siempre debemos agradecer. Sobre todo viendo que hay muchos corredores, que seguramente se han preparado tanto o más que uno, y que lo pasan realmente mal e incluso tienen que retirarse. 
  10. La carrera. Casi es lo de menos. Si se ha tenido en cuenta todo lo anterior, incluido el factor suerte, claro, solo hay que seguir el ritmo previsto y llegar hasta  a la meta. Es bueno ir en grupo, aunque no hay que empecinarse, si hace falta aflojar o descolgarse un poco, no pasa nada. En 2013 fui sin ninguna referencia fija pero me junté en varios tramos con compañeros de carrera que me ayudaron bastante. En 2015 íbamos un grupo más numeroso con el ritmo objetivo de 6'/km. Al final se fue disgregando un poco pero la mayoría llegamos bastante bien. En ningún caso me topé con el temido "muro". Sí se me hicieron largos los últimos kilómetros. Pero ¿quién espera llegar fresco tras correr 42?
El climax. Cuando por fin llegas a la meta la alegría que te invade es tan grande que compensa con creces todo el esfuerzo. Es brutal. Y lo bueno es que el subidón te dura varios días. Vas por ahí orgulloso de tus agujetas, deseando que te pregunten por qué bajas las escaleras de esa forma tan rara. Ya han pasado dos semanas y afortunadamente no tengo ninguna secuela. Aun así, si me topo con alguien al que todavía no le he hablado de "mi gesta"  no dudo en simular una ligera cojera. Nunca falla.